AL COSTALERO
Yo te admiro, costalero,
y cirineo que no cobra;
con tu cuerpo que se dobla
haces tu trono ligero.
Aunque cansado camina,
paso a paso, va adelante,
iluminando el semblante
por la figura divina.
Ronca lleva la garganta
por el trabajo y la fatiga,
por la fuerza de los ¡Vivas!
gritados a la imagen santa.
Cosido va a su varal
y, aunque cansado, prosigue
caminando sigue y sigue
hasta sus fuerzas agotar.
Y pudo más la ilusión
que las fuerzas que tenía;
y cuando ya no podía
empujó su corazón.
Lleva hasta su destino
a su paso doloroso
y, aunque cansado, gozoso
de recorrer su camino.
Sigue siendo costalero
día a día, hora a hora,
sigue, sigue sin demora
renovándote de nuevo.
Porque allí, junto a la cruz
de tu muy dura jornada,
está la Virgen parada,
te está mirando Jesús.
Él será tu Nazareno
en tu calle de Amargura
y a llevar tu cruz tan dura
te ayudará el Dios bueno.
Cuando tus fuerzas no pueden
agotadas por la muerte,
tienes, costalero, suerte
de que tus brazos te lleven.
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